Fue hace tiempo, tenía yo menos vidas que ahora. La ví y lo supe: sería una gata especial. Intenté averiguarlo, arriesgué las últimas vidas que me quedaban, y la invité a tomar un helado.
No le gustó la fría invitación, se dio medio vuelta y se fue, maullando bajito por la vereda de la plaza.
Todavía la recuerdo, cada vez que paso por la heladería y mi corazón queda arrugado como barquillo.
¿Será amor?

Afectuosamente,
Javier